En un café, por la mañana, tarde o aún durmiendo, con un breve despertar sin motivo aparente, en el subte camino a casa, cualquier tarde fresca de julio. Cualquier lugar puede ser EL lugar. Solamente con un trozo de papel y un lápiz negro, solamente levantando la vista y mirando alrededor, o hacia adentro de su propio mundo interior, allí puede aparecer una idea innovadora, allí puede darse inicio a una obra que quizás verá la luz mucho tiempo después, pero que ya se encuentra en la mente del artista.
Recuerda Guillermo pena que muchas veces sólo basta con leer el diario una mañana durante el desayuno, o con una palabra o un pequeño comentario escuchado por ahí, para sentirse “tocado” por algún tema del día y a partir de ahí dar rienda suelta a ese “llamado” que nace dentro suyo. Sólo unos instantes bastan para que el boceto esté allí plasmado. Luego, en su taller continuará el trabajo de traspaso y profundización de la obra.
Otras veces –señala Pena haciendo memoria- la obra es producto de largas jornadas de investigación. Cuando un tema nos apasiona nos abocamos a la búsqueda de materia: en libros, en fotos, en charlas con amigos. Con el tiempo y con arduo trabajo todo ese trabajo de información previa cobrará vida en la obra, se hará presente en tela o en papel y desde allí inmortalizará su mensaje.
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